Perfil
Con el tiempo he aprendido que gran parte del sufrimiento humano no puede entenderse ni aliviarse en soledad. Vivimos en una cultura que nos empuja a ser autosuficientes, a gestionarlo todo solos y a convertir problemas compartidos en fracasos individuales. Sin embargo, gran parte de nuestras heridas nacen en relación con los demás: en la desconexión, la soledad, la falta de pertenencia o la dificultad para sentirnos seguros.
Podemos analizar nuestra historia durante años y seguir reaccionando igual. Entender desde la cabeza es importante, pero no basta. Hay experiencias que no se transforman porque las entendamos mejor, sino porque dejamos de vivirlas solos. Porque alguien pone palabras a algo que nunca habíamos sabido nombrar o porque, por primera vez, dejamos de sentirnos extraños.
Mi trabajo consiste en observar aquello que suele pasar desapercibido: los patrones que repetimos, las emociones que evitamos y las dinámicas que aparecen en nuestras relaciones. Ayudo a identificar aquello que nos gobierna sin que nos demos cuenta y a comprender cómo influye en nuestra forma de sentir, relacionarnos y tomar decisiones. La terapia grupal permite observar muchas de estas dinámicas en tiempo real, mientras ocurren. Aquello que aparece en el vínculo —la vergüenza, el miedo al rechazo, la necesidad de agradar, la dificultad para confiar o para poner límites— suele decir mucho más de nosotros que cualquier explicación teórica.
Además de la práctica terapéutica, colaboro en revistas, prensa, radio y otros medios de comunicación, donde escribo y divulgo sobre salud, vínculos y malestar contemporáneo. La consulta, la investigación y la escritura forman parte de una misma búsqueda: entender cómo vivimos, por qué sufrimos y qué nos ayuda a dejar de repetir aquello que nos hace daño.